Nada nuevo

Los católicos que piensen que la Iglesia debería buscar como Papa eso que se denomina —eufemística e hipócritamente— una «cara amable», para protegerse del anticlericalismo y antiteísmo hegemónicos en los medios de comunicación, piensan muy ingenuamente.

Es sabido —o debería serlo— que la elección de uno u otro Papa, a estos efectos, es irrelevante. Podrían haber puesto, en vez de un Papa que fuera socio del San Lorenzo, otro que estuviera afilado al Bloco de Esquerda portugués que lo macharían igual, y con los mismos argumentos: oscurantista, medieval, etc. Porque el objetivo del anticatolicismo, más o menos sutil pero militante, de buena parte de los medios no es hacer una crítica razonable a la Iglesia para promover que esta se «adapte» a los tiempos modernos y al chachipirulismo progre. El objetivo es destruirla a medio o largo plazo, porque la Iglesia católica es la sección más organizada de la principal religión mundial, y atacarla hasta sus cimientos es la punta de lanza de un ataque vastísimo que busca desmoronar las bases culturales del fenómeno religioso, que es todavía el principal —y acaso último— obstáculo real a la ideología globalista-hedonista-consumista que se propone como el nuevo Dios de la posmodernidad. Esa es la raíz histórica y funcionalmente objetiva (que podríamos decir, en terminología marxista) de los ataques al papado.

Por eso, que el Papa sea más o menos «moderno», «progresista» o el adjetivo-cliché de turno, da igual. La mayoría de los que escribirán esta semana artículos de opinión contra Bergoglio, la mayoría de los que redacten sibilinamente noticias con el propósito de poner en cuestión el respeto de Bergoglio por la democracia y los derechos, ayer no conocían ni su nombre. Es la regla de oro del agit-pro practicada por los «frentes culturales» del marxismo-leninismo de los años 50 y 60, regla de oro que es una de las pocas cosas que los progres canosos de hoy, socialdemócratas conversos al pragmatismo burgués a sus sesenta años, después de desengañados de sus veleidades revolucionarias juveniles, conservan décadas después. El manual de la praxis conspirativa. Acusa a tu enemigo de fascista si lo es. Acúsalo, también, si es todo lo contrario. Porque si el enemigo es un fascista, es peligroso por fascista. Pero si el enemigo es bueno, es doblemente peligroso, porque su bondad confundirá al pueblo respecto a quién es el verdadero enemigo. Así que, en cualquier caso, hay que llamarlo fascista. Y pedófilo, por supuesto, que no falte.

Más sutil que estos exabruptos es, ciertamente, el diario El País. Hoy nos ha puesto a los lectores dos noticias, para guiarnos por el correcto camino y hacernos comprender quién es el Papa Francisco. Una, en la que habla de los testimonios «muy numerosos» de su supuesta «connivencia» con la dictadura militar argentina, y de su responsabilidad en la desaparición de «un laico que fue secuestrado junto a dos sacerdotes que no reaparecieron» (obsérvese que esto da a entender que los dos sacerdotes fueron asesinados). Otra, en la que habla con más detalle de dos sacerdotes detenidos por su culpa (¿serán acaso otros diferentes?), y explica que «se llamaban Orlando Yorio, ya fallecido, y Francisco Jalics, que vive en Alemania». Ya sabíamos que la prensa actual había tirado por el retrete aquellos principios de contrastar sus fuentes y de no mezclar información con opinión. Lo que parece nuevo es que ahora ni siquiera se contraste la coherencia interna de la propia propaganda.

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8 respuestas a Nada nuevo

  1. fiber dijo:

    Lo primero que se debe tener claro son las motivaciones de la ultra-izquierda para desprestigiar al actual Papa (o al que venga). La ultra-izquierda no es una posición política con diferencias políticas respecto a la Iglesia. La ultra-izquierda aspira / quiere ser rival de la Iglesia. Pretenden asaltar las labores que ha venido desarrollando la Iglesia durante siglos.

    La Iglesia está regulada por una serie de normas que no siempre han sido correctamente entendidas: el celibato. Las personas sin cargas familiares no tienen la necesidad de proveer para los suyos en el presente, ni acaparar tampoco para el futuro. Y esta es una necesidad irrenunciable para cualquiera que tenga una familia. Eliminada esta necesidad “egoísta”, las actividades de la Iglesia van dirigidas no a ciertas personas sino a ciertas situaciones personales. A la Iglesia no le importa quién seas.

    Otras organizaciones, principalmente con ideología de izquierdas, han tratado de crear ONGs, fundaciones y observatorios para ocupar estas funciones que siempre ha desarrollado la Iglesia. La mayoría de estas organizaciones tienen la particularidad de durar 2-3 años y desaparecer tan pronto como aprecian que los ingresos que reciben no compensan el trabajo que realizan. Dudosa vocación en el mejor de los casos. En los peores, los administradores van sólo a por la subvención y acaban usando el dinero público que reciben en comprarse áticos. Han identificado en la labor de la Iglesia, en la labor con los más necesitados, una actividad con potencial de ser convertida en una forma de negocio a través de modelos económicos basados en la subvención, y pretenden apropiársela.

    Pero el principal y más importante de los motivos de los ataques al Papa, a la Iglesia, a los curas, a los obispos o a cualquiera que se ponga por delante es otro. La Iglesia continúa con ese principio platónico en el que se adjudica la función de “iluminar”, pero no la de regular. La Iglesia no pretende gobernar, sino sólo mostrar el camino. Parece lógico que en una democracia se proteja la separación de poderes. Parece lógico que quienes tienen (o quieren tener) la responsabilidad de gobernar no sean los que dicen lo que está bien o está mal. Si hubiera un grupo-partido político que además de gobernar decide qué es lo moralmente conveniente o inconveniente, jamás admitirían equivocarse en ninguna de sus acciones de gobierno. Todos nos acordamos de las veces que se equivocó el bloque socialista de la Europa del Este: NINGUNA. Todo el bloque comunista se desmoronó antes de haberse equivocado una sola vez. Nunca se equivocaron.

    He aquí la motivación de los ataques contra la Iglesia. Quieren gobernar, quieren el poder de estar en el gobierno, pero no se conforman porque no pueden conformarse con eso. Una vez que lleguen al poder quieren perpetuarse y necesitan acabar con la Iglesia porque no quieren réplicas a su actuación. No quieren réplicas porque la Iglesia lleva dos milenios definiendo el lugar que ocupa la virtud, porque ya les ha vencido clamorosamente al final del siglo XX y la ultra-izquierda sabe que esa batalla la perderá siempre. Ellos lo saben, que la única posibilidad para ganar esa batalla es que no haya contrincante.

    • Perhi dijo:

      Me parece muy bien explicado. En la izquierda que yo llamo «clásica», la Iglesia solía ser motivo de recelo y al mismo tiempo de fascinación. Esto era así porque la izquierda era «monista», no le gustaba la división del poder, y aspiraba a tener el poder político y el dominio cultural e ideológico. El poder de la Iglesia en el terreno de las conciencias le resultaba un fruto envidiable. Ahora, además de eso, a la izquierda posmoderna le repugnan los modos de vida que propugna el catolicismo (especialmente en el aspecto familiar). Doble motivo para odiar a la Iglesia, pues.

  2. tapasduras dijo:

    Lo que más ha fastidiado a las progresía de la designación de Bergoglio es que han estado trabajando durante semanas para nada. Los libelos contra Scola, Ouellet o Scherer, que habían quedado niquelados, a la basura. Y a improvisar una chapuza a última hora. Así no se puede ser progre ni nada, joder ya.

    • Perhi dijo:

      Yo lo que quiero saber es si los dos «desaparecidos no reaparecidos» son el señor ya fallecido y el residente alemán —como sospecho— y las fuentes del articulista en cuestión. Me suena a búsqueda rápida por la blogosfera. A lo mejor los becarios de El País incluso se informan a través de los comentarios de Menéame, todo podría ser.

  3. Tortilla von Patata dijo:

    Efectivamente, da igual lo que haga la Iglesia porque el antagonismo con ella es mucho más fundamental de lo que se expresa directamente.
    Cada vez que alguien habla de vender riquezas, de renunciar a beneficios fiscales y ayudas, de aceptar retirada de sus símbolos y celebraciones del espacio público, de no meterse en política, de aceptar el aborto, de aceptar la ordenación de mujeres, de cancelar el celibato, de abstenerse de evangelizar, de instalar democracia participativa-asamblearia interna, de bendecir el matrimonio gay, la ideología de género, la eutanasia, la eugenesia, el divorcio, el utilitarismo, el relativismo, los anticonceptivos, de pedir perdón por Galileo, por el creacionismo, por la Inquisición, por el Franquismo, por el anticomunismo, por no aceptar la Teología de la Liberación… le dan igual esas cosas. Si la Iglesia lo hiciese, esas personas no pisarían tampoco la Iglesia porque seguirían sin creer remotamente en Dios.
    Lo que se quiere es una abdicación total, que la Iglesia acepte la superioridad del progresismo y languidezca hasta morir cuando el mero hecho de ser religiosa se considere ya intolerable para una sociedad moderna.

    Esto se ha visto muy bien con la sección progresista de la Iglesia episcopaliana-anglicana
    http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=18968

    La Iglesia hizo muy bien en condenar el modernismo desde sus inicios.
    http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=15542

    • Perhi dijo:

      El problema de los episcopalianos, etc. es un problema de debilidad: cuando el criterio de una persona o grupo es tener el criterio mayoritario (que es, en resumidas cuentas, el criterio que se exige tener cuando se habla de «adaptarse a los tiempos»), el camino es la disolución. Lo de las sacerdotisas que dicen que el aborto es una «bendición» ya es más grave. Y mucho. Es la pura maldad disfrazada de beatería (yo me las imagino de modos suaves, tranquilos, aparentemente amables).

      Gracias por los links.

  4. dersu dijo:

    yo prefiero a tony de jefe del negocio de la basura en nueva jersey, le da un aire más campechano y cercano a toda la organización, el carácter claramente huraño y esquivo de junior influye de forma negativa en las formas y haceres de tan magna y antigua familia empresarial

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