Causa lógica

Dice el New York Times, entre otras cosas sobre la prostitución en España, que

Significativo, a la vez que preocupante, es también el hecho de que, según informes del Ayuntamiento de Barcelona, se está produciendo un cambio en la edad del cliente sexual con la incorporación creciente de los jóvenes a este tipo de servicio.

Significativo, preocupante (aunque a mí ya no me preocupa) y obvio: cuando toda la cultura social y mediática de una sociedad insiste y fuerza a los jóvenes a percibir la sexualidad como un mero ejercicio de gimnástica y de satisfacción puramente fisiológica e individual, cuando la misma afectividad llega a ser tabú (El Mundo Today, más real que la prensa supuestamente seria, dio en el clavo al respecto), la consecuencia lógica es que se normalice, en la generación educada en este tipo de ideas, el pago por el sexo, como es normal el pago por cualquier clase de utilitario de consumo. Es decir, comer putas (profesionales o amateurs) con la misma indiferencia emocional con que se comen los pistachos.

No creo que nadie se escandalice. Al fin y al cabo, estas cosas de la moral social son solo preocupaciones de carcas como un servidor, y como ya se ha dicho, el sexo como bien de consumo está muy naturalizado en la juventud española y occidental (en mayor medida que en la generación de nuestros padres, lo cual echa por tierra —junto con otros síntomas varios— toda nuestra frecuente verborrea y presunción «progresista»). Pero sería interesante que hiciéramos un test a una muestra de prostitutas experimentadas, y que les preguntásemos por la diferencia entre el sexo que quieren los viejos puteros de toda la vida (cincuentones, sesentones, setentones) y la nueva hornada de puteros veinteañeros y treintañeros, para oír de primera mano cómo entre los segundos abundan, más que entre los primeros, los macarras agresivos en busca de alguien a quien humillar. Por eso, muchas de las veteranas dicen que prefieren al putero clásico, el criado en los tiempos de Franco, con la cultura patriarcal. Los hijos de la época de la libertad, la democracia y la igualdad, al parecer, les suscitan más miedo que sus abuelos. Y esto me interesa en tanto que metonimia: el sexo, como imagen refractaria y privada (no explícita) de la psicología social, nos muestra en un espejo cóncavo —para quien lo quiera ver— el auténtico sentido de nuestra ideología occidental y posmoderna sobre el sexo (y más allá del sexo). A lo mejor por ahí empezaríamos a ver un reflejo que nos turbaría más de lo que quisiéramos.

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2 respuestas a Causa lógica

  1. Sulfolobus solfataricus dijo:

    Una prostituta siempre ha sido una esclava sexual. Si no lo fuese no necesitaría dinero de por medio. Incluso esos abuelos que mencionas, y la gente que va en busca de conversación y ambiente amigable como el tipo del último enlace que pones… todo ellos están pagando por una simulación. A veces una simulación de cariño, otras una simulación de erotismo o amistad.

    El sistema corrupto ya estaba ahí, es cuestión de que la mentalidad actual, al encajar mejor con ello, hace que la gente lo use más. Bien es posible que, como dices, de manera diferente. Tal vez simplemente han desaparecido los reparos éticos de la antigua escuela social y ahora estamos viendo más descarnadamente, sin maquillajes, la verdadera cara del mundo de la venta de cuerpos.

    • Perhi dijo:

      Hola, Sulfolobus (por cierto, me faltaba responderte al saludo personal que dejaste en otro comentario, tiempo ha).

      Sí, estoy de acuerdo — en parte. El problema estuvo y estará siempre ahí. Porque el ser humano tiene grandezas y miserias, y nunca dejará de tenerlas (ambas). La diferencia está en el nivel de lo que los marxistas llamarían la «superestructura», o, digamos, los valores. Actualmente los valores que más se difunden y publicitan conducen a la instrumentalización de las relaciones humanas. Pero no creo que haya una «verdadera cara»; lo que estamos viendo es el resultado que se ofrece cuando unas determinadas tendencias (socialmente minoritarias) son difundidas como modelo, y potenciadas. El monstruo se hace más monstruo y el no monstruo se hace tolerante a la monstruosidad. Y el indeciso o débil de carácter se cae para el lado dominante.

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